Los 7 coches más feos de la Fórmula 1

Los coches más feos de la Fórmula 1 demuestran que casi todo vale en dicha especialidad con tal de arañarle unas décimas al crono. Así, alerones monstruosos, radiadores imposibles y todo tipo de extraños elementos han poblado las carrocerías de algunos monoplazas desde el nacimiento de la competición en 1950.

Resulta evidente que la vanguardia tecnológica y la investigación forman parte del ADN de la Categoría Reina. Sin embargo, algunas de las radicales innovaciones se adentraron en el terreno de las estridencias estéticas, otorgándoles a los bólidos una belleza cubista.

Sus creadores,’genios’ incomprendidos, dejaron con sus imaginativas aportaciones boquiabiertos a rivales, compañeros, prensa y público. Pero como en todos los aspectos que rodean al Gran Circo Fórmula 1, también en éste singular capítulo existe una gran competencia y varios campeones. Por cierto, no te asustes con los modelos que vas a observar a continuación.

Brabham BT26: Los súper alerones

Por méritos propios, el Brabham BT26 diseñado por Ron Tauranac ocupa un lugar destacado en el ranking de los coches más feos de la Fórmula 1. A finales de los años 60, pocos podían sospechar que todo un piloto tricampeón del mundo (1959, 1960, 1966) y propietario de su propia escudería, pudiera poner en práctica semejante innovación.

Instalaron unos enormes alerones delantero y trasero, con los que pretendían mejorar el comportamiento aerodinámico del coche. Es cierto que en aquella época se estaban dando los primeros pasos en este campo. Sin embargo, esto más bien pareció un tropezón en dicha materia.

Como es natural, el rendimiento deportivo del Brabham BT26 estuvo a la altura de su apariencia. Obviamente, los pilotos del equipo -Jochen Rindt y Jack Brabham– no lograron ninguna victoria en 1968. Es más, casi sumaron tantos abandonos como carreras disputaron.

Ensign N179: El ‘rayador’

Quizás Dave Baldwin soñó con crear un concepto revolucionario que cambiara la Fórmula 1 en el campeonato de 1979. Sin embargo, el Ensing 179, apodado El rayador, solo fue famoso por poseer la parte delantera más espantosa de todos los tiempos.

Jamás se había visto que los radiadores se situaran en el exterior del bólido y mucho menos en esa disposición. Evidentemente, el ineficaz sistema de refrigeración despedía muchísimo calor.


Las altas temperaturas que se registraban en el interior del habitáculo del bólido hacían insoportable la conducción. Ante estos pequeños inconvenientes decidieron reemplazar el gran invento de Mr. Baldwin por soluciones más convencionales y clásicas.

En el campo deportivo, cerraron el año con un 13º puesto en Gran Bretaña como mejor resultado. El resto, retiradas por averías y errores.

March 711: La tabla de planchar

Con la llegada de la década de los 70 se mantuvo y agudizó en algunos casos el interés por los alerones. De hecho, éstos brotaban como champiñones en casi cualquier zona de los monoplazas del Gran Circo.

Uno de los máximos exponentes de esta fiebre aerodinámica vino de la mano del glorioso March 711 en 1971. Sus creadores, Robin Herd y Frank Costin, instalaron una especie de tabla de planchar o una bandeja para el té, apelativos con los que bautizaron al apéndice delantero.

A pesar de las bromas y críticas, Ronnie Peterson fue subcampeón y Niki Lauda debutó, ambos a lomos del original coche. No está nada mal para ese utensilio doméstico.

Brabham BT34

Tan solo dos años después del exitoso BT26, la escudería Brabham volvió a la carga con otras de sus maravillas rodantes. Quizás como homenaje a la fauna submarina, vio la luz el BT34 o Pinzas de langosta.

Se popularizó con este sobrenombre porque su parte delantera se asemejaba a la fisonomía de dicho invertebrado. La invención consistía en dos radiadores gemelos situados ante las ruedas delanteras. No sirvió para nada.

Esta especie de crustáceo motorizado pasó con más pena que gloria en 1971 y 1972. Entre averías y accidentes en 20 carreras, sólo logró un quinto puesto como mejor resultado. Ni los legendarios Graham Hill y Emerson Fittipaldi pudieron hacer más con el invertebrado BT34.

Ligier JS5: El periscopio

Para la temporada de 1976, Ligier y su director técnico, Gerard Ducarouge, presentaron el JS5, un bólido presuntamente revolucionario. Famoso por su desproporcionada toma de aire, se convirtió inmediatamente en el centro de las burlas en el Gran Circo.

Derivado de esas formas, digamos, poco convencionales, fue bautizado como El Periscopio. Su similitud con dicho instrumento de los submarinos resultaba evidente.
El JS5 tomó la salida en las tres primeras citas (Brasil, Sudáfrica y EE.UU. Oeste), rozando el podio, cuarto puesto, como mejor resultado en el americano Circuito de Long Beach.

Para la cuarta cita, el Gran Premio de España, se prohibió su empleo ya que su chimenea que distaba ¡1,40 metros! del suelo. A pesar de ello, entró a formar parte del selecto club de los coches más feos de la Fórmula 1.

Tyrrell P34: El mítico seis ruedas

La formación Tyrrell desarrolló el único modelo de seis ruedas que participó en la Categoría Reina en 1976. Nació bajo la batuta de Derek Gardner, quien perseguía reducir el drag (resistencia al avance) y conseguir incrementar la velocidad máxima.


Pensó que la solución residía en situar cuatro ruedas minúsculas en el eje delantero y dos de tamaño convencional en el trasero. El estreno se produjo en la cuarta prueba del año, el Gran Premio de España de 1976, celebrado el 2 de mayo en el Circuito del Jarama (Madrid).

 

A pesar de debutar con accidente (Patrick Depallier), el P34 solo necesitó tres carreras más para abrazar el éxito. Logró la primera y única victoria en manos de Jody Scheckter en el Gran Premio de Suecia, disputado en Anderstorp.

Durante el curso, el P34 conquistó ¡12 podios! en 13 carreras, terminando tercero en la General de Constructores, solo por detrás de Ferrari y McLaren.

 

En el siguiente certamen, se puso en liza una versión evolucionada del P34. Participó en 17 pruebas del Mundial, pisando el podio en sólo en tres de ellas.

Esta escasez de resultados arrastró al equipo hasta la sexta plaza de la Clasificación de Constructores. Así acabó la historia de uno de los coches más feos de la Fórmula 1.

Arrows A22: Un ‘tirachinas’ en el morro

Conscientes de la importancia de la carga aerodinámica, Arrows introdujo en los Entrenamientos Libres del Gran Premio de Mónaco de 2001 una extravagante solución.


Con forma triangular, el extraño alerón descansaba sobre el vértice del morro del coche. Tras las pruebas, el piloto Jos Verstappen, padre de Max, dio el aprobado a la nueva pieza.

Sin embargo, la FIA prohibió su uso por motivos de seguridad. Además sancionó al equipo con 120.000 dólares de multa. Jamás se volvió a ver dicho elemento.
Imágenes del post ‘Los 7 coches más feos de la Fórmula 1’: Wikipedia y Wikimedia.

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