Memoriales de pilotos de F1 fallecidos

A lo largo de la Historia, la Fórmula 1 se ha cobrado la vida de imitos de la especialidad. Nombres legendarios como Ayrton Senna, Gilles Villeneuve o Jim Clark se abrieron paso hacia la inmortalidad al volante de sus máquinas.

Precisamente, como recuerdo imperecedero de la huella que dejaron todos los ases de la velocidad, se erigieron una serie de monumentos. Y puesto que este viernes se celebra la Festividad de Todos los Santos, en la que se recuerda a los seres queridos fallecidos, no hay mejor fecha para repasar dichas obras escultóricas.

Senna: El más recordado

Junto al Circuito de Ímola, en el Parque Acqua Minerale, una estatua se abre paso entre una silente arboleda y la bruma que recuerda al tricampeón del mundo (1988, 1990, 1991) brasileño. Allí, su melancólica figura parece observar con tristeza la curva de Tamburello donde perdió la vida el fatídico 1 de mayo de 1994.

 

 

En el lugar, donde se percibe un ambiente especial y emotivo, reinan los recuerdos y las gestas del mítico corredor. Silencio y respeto eternos. Rodeado del cariño perpetuo de los fans, el memorial se ha convertido en un santuario del astro sudamericano. Banderas, mensajes escritos, flores y otros objetos en su honor habitan junto a la efigie. Son testigos mudos de una pérdida irreparable. Senna, SEMPRE!

Jim Clark: Homenaje en su ciudad natal

Apodado ‘El escocés volador’, Jim Clark solía caminar por las avenidas de su localidad natal, Kilmany. De ese cotidiano modo solía relajarse del estrés de la competición. Por ese motivo, una de sus calles le rinde tributo con la estatua de este ‘famoso paseante’.

 

 

Murió el 7 de abril de 1968 durante una prueba de Fórmula 2 en un accidente sufrido en el Circuito de Hockenheim (Alemania) con 32 años. En su curva número dos existe otro monumento en su memoria. Considerado el mejor corredor de su época y uno de los grandes de la Historia, su desaparición causó una consternación similar a la de Ayrton Senna. Ambas tragedias comparten ciertas similitudes. De hecho, se desconocen las extrañas circunstancias que provocaron sendos accidentes.

 

 

Gilles Villeneuve: El Príncipe de la Velocidad

Aunque el genial corredor canadiense no conquistó ningún Mundial, dejó una profunda huella entre los aficionados de la Categoría Reina. Más allá de sus seis victorias, trece podios y dos poles, su velocidad innata en la pista le otorgaron una fama universal.

Fruto de esta veneración se erigieron varios memoriales repartidos por el mundo. Entre todos ellos destaca por su sencillez uno situado en el punto exacto del trazado belga de Zolder donde dejó de existir. Se trata de una placa de mármol que recuerda lo sucedido el 8 de mayo de 1982.

 

 

 

Aquel triste día su Ferrari chocó contra otro monoplaza que rodaba más lento durante la sesión de clasificación del GP de Bélgica. El impacto fue tan violento que salió despedido del habitáculo de su monoplaza. Al igual que Jim Clark, contaba con 32 años.

 

 

Ronnie Peterson: El mejor sueco

El ‘Súper sueco’ más exitoso de la Fórmula 1 cuenta con un espectacular memorial en la ciudad de Örebro. Allí vino al mundo en 1944, falleciendo 34 años más tarde en Milán. El 11 de septiembre de 1978 en el GP de Italia, el escandinavo se vio envuelto en un brutal accidente múltiple en el Autódromo de Monza. Como consecuencia del mismo, se incendió su Lotus.

Y aunque los pilotos James Hunt, Clay Regazonni y Patrick Depallier lograron rescatarle de las llamas, permaneció tendido sobre el asfalto ¡más de veinte minutos! a la espera de asistencia médica.

 

 

Posteriormente, fue trasladado a un centro hospitalario en Milán. Allí fue intervenido de múltiples fracturas en ambas piernas. En principio la operación quirúrgica resultó un éxito. Sin embargo, sufrió unas complicaciones derivadas de las gravísimas lesiones que no pudo superar. Se marchaba así un icono nórdico, subcampeón en 1972 y 1978, precisamente en la temporada en la que pugnaba por la corona.

Mónaco: Homenaje al mítico Fangio

El pentacampeón argentino (1951, 1954, 1955, 1956, 1957), uno de los más mitos de la Fórmula 1, cuenta con un espacio de honor en Mónaco. En sus calles, Juan Manuel Fangio conquistó dos de sus 27 triunfos, el primero (1950 con Alfa Romeo) y el antepenúltimo (1957 con Maserati) en la Categoría Reina.

 

 

Curiosamente, ninguno de ellos se produjo a bordo del Mercedes W196, bólido con el que aparece inmortalizado en Montecarlo. No obstante, cabe destacar que se trata del monoplaza con el que ‘El Chueco’ conquistó su quinto entorchado y la eternidad. Retirado como un héroe universal en 1958, murió en 1995 con 84 años.

También en la entrada del trazado de Donington Park (Inglaterra) se recuerda un conjunto monumental que muestra a ‘El Maestro’ junto a su ‘admirador’, Ayrton Senna.

 

 

Imágenes: Wikipedia & Twitter de @gstrandh

 

 

Dejar una opinión