El homenaje secreto de los Porsche 911 RSR ‘Coca-Cola’

Este sábado se disputa la carrera Petit Le Mans, última ronda del Campeonato de Resistencia IMSA (International Motor Sport Association) en el Circuito Road Atlanta, Estados Unidos. Entre los 34 participantes de la prueba de 10 horas de Resistencia destacan sendos Porsche 911 RSR ‘Coca-Cola’, que lucen una decoración especial con la que se juegan el título de la Categoría GTLM.

Porsche Cars North American, filial norteamericana del fabricante alemán, y la marca de refrescos, poseen su sede en Atlanta, capital del estado de Georgia. Aprovechando dicha coincidencia geográfica, el equipo de Stuttgart ha tomado la decisión de rendir tributo a la competición que, precisamente, esta temporada cumple 50 años.

 

 

Por ese motivo, los 911 RSR dorsales 912 y 911 se han vestido con la espectacular indumentaria roja y sus icónicas franjas y letras blancas. También las llantas se han teñido de este último color. Comparten el primer vehículo (#912), Earl Bamber y Laurens Vanthoor, que se proclamaron  Campeones el pasado sábado, frente a sus rivales por la gloria dell Porsche gemelo (#911), conducido por Nick Tandy y Patrick Pilet.

Sin embargo, detrás de los dos Porsche 911 RSR ‘Coca-Cola’ subyace otro tributo relacionado con los éxitos de los coches alemanes en aquel país. Fiel a la tradición de honrar sus gestas deportivas, el fabricante germano ha querido rememorar los triunfos ochenteros de dos modelos icónicos y de su extraordinario piloto.

 

 

Se trata de los 935 y 962, pintados con esos mismos tonos burbujeantes, del equipo Bob Akin Motor Racing, y de su propietario y piloto, Bob Akin.Este pionero neoyorquino unió por primera vez a ambas compañías (Porsche y Coca-Cola) en los circuitos. Y, ahora, transcurridas más de tres décadas de aquella fructífera alianza, su recuerdo retorna a la actualidad con una combinación de nostalgia y emoción.

Éxitos iniciales de Bob Akin con Porsche 

Heredada la pasión por las carreras de coches de su padre, Akin emuló a su progenitor a partir de 1957, con 21 años de edad. Tras un paréntesis en el que se dedicó a los negocios familiares, regresó a la acción casi por casualidad en 1973. Todo sucedió gracias a Sam Posey, un amigo que le invitó a participar en un evento de clásicos en Lime Rock Park (Connecticut), uno de sus autódromos favoritos.

Desde ese instante se reincorporó al mundo de la competición. De hecho, en 1978 adquirió un Porsche 911 RSR con el que disputaron una prueba en Daytona, a modo de preparación de cara a las 12 Horas de Sebring de 1978 en las que tenían previsto inscribirse.

 

 

Posteriormente, ese modelo dejó paso a un 935 K3, con el que protagonizaría algunas de sus primeras grandes actuaciones. Con el nuevo misil pintado de azul Budweiser, ganó las 12 Horas de Sebring de 1979, estrenando su impresionante palmarés en las pruebas de Resistencia. Pocos meses después, conquistó la clase Trans-Am y fue tercero de la General en las 6 Horas de Watkins Glenn de 1979.

 

 

Akin, Porsche y Coca-Cola: Una fórmula exitosa

Su ascenso imparable no pasó inadvertido para Coca-Cola, que se convirtió en su patrocinador principal. La decoración rojiblanca se estrenó en el 935 en las 24 Horas de Daytona (Rolex 24) de 1980, donde Akin compartió asiento con Derek Bell, John O’Steen, Craig Siebert y Dale Whittington. Y aunque un problema de motor le impidió brillar en esa ocasión, se desquitó en compromisos posteriores, terminando segundo en la Rolex 24 de 1981 y 1982. Asimismo, se impuso en la clase GTP en las 12 Horas de Sebring de 1983, donde además concluyó segundo de la Clasificación General.

A pesar de la senda triunfal descrita por el coche rojiblanco, algunas disposiciones técnicas del campeonato, obligaron a su ‘jubilación’ anticipada en 1984. Ante la situación plateada, la respuesta de Porsche fue el 962. Akin lo estrenó en mayo de esa temporada en el Charlotte Motor Speedway, quedándose asombrado con el potencial de la máquina.

 

 

Pronto se confirmó su apreciación. Acompañado por Stuck y Paul Miller, Bob acabó en quinta posición en las 24 Horas de Daytona de 1985. Sin embargo, aquel resultado solo se trataba de un destello de las gestas que estaban por llegar. Así, en el curso siguiente el neoyorquino, Huns-Joachim Stuck y Joe Gartner protagonizaron una de las hazañas más recordadas de la especialidad. Obtuvieron un triunfo mítico en las 12 Horas de Sebring de 1986, con ¡ocho vueltas de ventaja!, merced a una velocidad media de 115,85 mph o 186,44 km/h.

 

 

Cabe destacar para explicar la dimensión del récord, que se mantuvo imbatido durante 23 años, hasta que en 2009 cayó a manos de un Audi. En una de sus actuaciones postreras, el icónico 935 y Akin cruzaron la meta de Daytona 1987 en sexta posición, con Stuck y James Weaver como testigos. En Europa, sumó cuatro participaciones en las 24 Horas de Le Mans, concluyendo cuarto en 1984 como mejor resultado.

Después de acumular un extraordinario palmarés, Akin se retiró convertido en un icono del automovilismo en 1991, aunque se mantuvo activo en su deporte compitiendo en clásicos. Falleció, precisamente, en el mismo asfalto donde se le rinde homenaje este fin de semana con los dos Porsche 911 RSR ‘Coca-Cola’, mientras probaba un Nissan GTP ZX Turbo, un clásico de la IMSA, en 2002.

Akin, un ‘gentleman racer’ de la velocidad

Al margen de su evidente talento, la pasión por la competición y la ausencia de miedo ante el riesgo de Bob Akin que supone esta práctica deportiva, cimentaron sus éxitos. Así lo describe Dave Spano, uno de sus mecánicos en aquella época gloriosa y a quien todavía le brillan los ojos cuando recuerda la figura de Bob Akin: “Era un profesional absoluto e íntegro. Le gustaba la perfección y se mostraba muy comprometido con todos los aspectos relativos a la actividad que desarrollaba”.

 

 

Con la nostalgia encogiendo su corazón, Dave recuerda que “se trataba de una gran persona, cercana en el trato con todos los mecánicos y el resto de miembros del equipo”. Ante estas afirmaciones de un testigo directo de la trayectoria de Bob, no resulta extraño comprender su apodo. Era conocido como el ‘gentleman racer’, por su buen carácter dentro y fuera de la pista. Algunas fuentes afirman que fue le mismísimo Paul Newman quien popularizó ese con el sobrenombre. Sin duda, Akin se erigió en uno de los iconos de la especialidad no solo en Nueva York, sino a nivel nacional.

Imagen portada: Porsche Press Media.

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